El espacio de las universidades

Avanza la construcción del primer nanosatélite diseñado por universidades públicas y privadas de la Argentina. En qué etapa se encuentra el proyecto, cuáles son los planes a futuro y de qué manera participan las instituciones involucradas.

Por Catalina Márquez Graduada en Comunicación Social (UNM)

El desarrollo del satélite Labsat Iot es impulsado por el  Consejo Profesional de Ingeniería de Telecomunicaciones, Electrónica y Computación (Copitec) y su fundación, Fundetec, junto a instituciones científicas y tecnológicas nacionales. La iniciativa surge de la Comisión de Asuntos Satelitales del Copitec a través de una propuesta realizada por la Carrera de Ingeniería de la Universidad de Palermo (UP), a la que se adhirieron en forma activa universidades como la de Moreno (UNM), Avellaneda (UNDAV), Austral (UA), Comahue (UNCo), Río Negro (UNRN), entre otras.

El proyecto, en su fase inicial, consiste en la construcción de un laboratorio espacial para ensayos e investigación académica, cuyo lanzamiento se prevé para 2023. Durante este tramo se espera que las universidades adherentes puedan hacer experimentación directa en el espacio y desarrollen nuevos conocimientos sobre Internet de las cosas (IoT, sigla en inglés). En términos generales, se llama Internet de las cosas a la posibilidad de interconexión entre diferentes objetos que poseen sensores y circuitos que permiten recolectar e intercambiar datos con otros dispositivos a través de internet.

“El laboratorio es una oportunidad para que las universidades puedan acrecentar sus experiencias en este servicio. Generalmente hay profesores que dictan determinadas materias en donde se ven estas cosas, pero no tienen la oportunidad de salir de ese ámbito”, cuenta Miguel Ángel Pesado, ingeniero y presidente del Copitec. Por otro lado, una vez que esté ejecutada esta primera parte, se contempla la construcción de una constelación de más de 100 satélites de telecomunicaciones que puedan brindar un servicio de internet de las cosas en gran parte del continente.

Esta segunda etapa del proceso  busca tener un impacto en el sistema productivo. “A través de esta red de satélites estaríamos llevando comunicaciones al campo y a las zonas despobladas. No se trata de comunicaciones de voz o internet tradicional, pero es de gran aplicación ya que nos permitirá intervenir en la prevención de tormentas, incendios y explotación minera, entre otros”, explica Pesado. Cabe destacar que se trata de un nanosatélite debido a sus dimensiones reducidas: tiene la forma de un cubo de 30 centímetros de largo, comparable con el tamaño de una caja de zapatos. Además, estos aparatos son lanzados en órbita baja y, por ende, se encuentran más cerca de la Tierra.

“Hoy estamos en una etapa de construcción, terminando de definir la carga útil. Una vez que esté armado hay que hacer todo tipo de pruebas electrónicas, eléctricas y mecánicas para que pueda ser puesto en órbita”, indica Pesado. También señala que en el resto del mundo hay pocas experiencias en este campo y que, actualmente, las universidades están empezando desarrollos en materia de IoT pero orientados a lo terrestre. Esta propuesta, en cambio, apunta a lo espacial.

Además de contar con financiamiento privado, el proyecto recibió un Aporte No Reembolsable (ANR) de 36 millones de pesos de parte del Ministerio de Producción de la Nación. En cuanto al desarrollo del satélite, Roberto Mayer, presidente de Fundetec y director de la carrera de Ingeniería en Informática de la UNDAV, explica: “Hay partes que se construyen en el país, como las antenas, los paneles solares y el software, y otras que se van a adquirir de forma internacional, como la computadora de a bordo. La integración de cada pieza la vamos a hacer en una sala limpia de la Universidad de Palermo”. Luego, se espera que el dispositivo sea trasladado a otras instituciones para hacerle los testeos correspondientes.

Una oportunidad de crecimiento

Las universidades que se sumaron a este proyecto trabajan en el desarrollo de los diferentes módulos que componen el nanosatélite. En ese proceso colectivo participan tanto docentes, como estudiantes y graduados. “La construcción del laboratorio académico, además de darnos experiencia en una disciplina que es muy incipiente en nuestra universidad, permite también poder generar nuevas fuentes de trabajo”, indica Pedro Giuffrida, Coordinador Vicedecano de la Carrera de Ingeniería en Electrónica de la UNM. Desde la universidad trabajan en conjunto con CITEDEF, un organismo público de investigación aplicada, dependiente del Ministerio de Defensa, en el desarrollo de las antenas del nanosatélite.

La carrera de Ingeniería de la UNM se ofrecen tres orientaciones: en Redes, en Multimedios y en Aplicaciones Agropecuarias. Sin embargo, Giuffrida comenta que se está trabajando para abrir nuevos campos de especialización, como por ejemplo, en inteligencia artificial, en telecomunicaciones y robótica. Además, relata que este proyecto “abre un nuevo campo de investigación para que la UNM pueda armar su propio satélite”. En ese sentido, adelanta que hay en tratativas un proyecto junto con la UNDAV para desarrollar un satélite para el agro.

Por su parte, Mayer, cuenta: “En la UNDAV estamos trabajando junto a los estudiantes para ver cuál es la computadora de a bordo que hay que comprar y qué software vamos a utilizar para la misión. No fuimos por todo el satélite, sino por nuestra especialización”. Además, menciona que “la misión está garantizada por la pluralidad de capacidades dinámicas que hay en acción”. Sin duda, se trata de una oportunidad para todas las personas y organismos participantes de contribuir al desarrollo científico y la generación de nuevos conocimientos.

Foto: Florencia Downes, de Télam.